Con la coartada de proteger a la mujer de su propia desgracia, se le han otorgado por el Estado -convertido en un nuevo tutor, al más puro estilo del Código Napoleón- supuestos derechos y privilegios siempre, naturalmente, en interés de la mujer, para asegurar -claro- su bienestar y su felicidad.

Simone de Beauvoir

El segundo sexo